sábado, 20 de julio de 2013

La mente grande

La mente pequeña va y viene, se dispersa y quiere, se retuerce y vuelve, se convierte en nada que quiere todo.Creemos algo y a los minutos, horas o días se desmorona ese algo. Sentimos plenitud y al tiempo se convierte en vacío. Confusión, desconfianza, sin dirección. Soy y no soy, quiero y no quiero, busco y no me encuentro. Me pierdo en el castillo de cristal del príncipe encantado, y caigo en el laberinto sin salida.
Pero en un breve instante, me sumerjo en aguas profundas y me crecen alas. Vuelo a dimensiones desconocidas para la mente que va y viene. Las alas no me permiten ver el castillo encantado, y a una velocidad desconocida llego a un lugar mágico. Luces y estrellas, colores y sonidos, todo parece un sueño. Desde allí veo el castillo del príncipe encantado, como un juguete escondido en un rincón en medio del infinito. El laberinto donde me había perdido pasó a ser un punto minúsculo. Ya no me encuentro ahí. Se ve como algo tan pequeño, tan insignificante. 
Estoy en la mente grande. Ella siempre está, ES en esencia. Ya no pregunta, porque ES respuesta. Se hace llamar nada que es TODO. No tiene paredes porque es ilimitada, por eso no se desmorona y nos permite ver todas las realidades paralelas, hasta el castillo y su laberinto de cristal allí abajo.Ahora puedo ver miles de mundos que me esperan. Decido recorrer, aprender, y conocer el juego de la mente grande. Las alas se esconden cuando tengo que bajar, se hacen transparentes. Me avisan que por algo llamado TIEMPO no las voy a necesitar, pero que siempre van a estar resguardandome y acompañando en este viaje llamado VIDA. 

Con los ojos de la mente grande, me sumerjo nuevamente en el castillo. Ya no exijo ya no pido, solo AMO, SOY Y VIVO.

Paulichuqui (llamando a la mente grande para recordar)

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